El diálogo entre la arquitectura del convento - ahora convertido en espacio expositivo - y los elementos que iluminan la entrada y los claustros se basa en la austeridad de las formas y la calidad de la luz.
Arquitectónicamente, el complejo, que domina imponente toda la colina, representa un unicum, caracterizado por una espectacular muralla, inusual en la arquitectura capuchina. La restauración realza los materiales originales, devolviendo al conjunto - también a través de la iluminación - un profundo sentido de espiritualidad.